Cagliari se presenta

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Yo soy Cagliari. Las tibias aguas del Mediterráneo siguen los confines del golfo que bautizo. Me encanta observar el color azul del mar que se refleja a lo largo de la línea del horizonte desde mi parte mas antigua, Castello, de donde nace mi nombre. Si se me observa desde el mar, puede parecer que las casas, los edificios, las iglesias y los monumentos, testimonios del paso de hombres, épocas y estilos se hayan mezclado silenciosamente para disfrutar de la dulce reverberación de los rayos en la superficie del mar. El hecho mágico de estar juntos de estar juntos, de aprovechar la energía del sol y el perfume salobre que, transportado por el viento, hace de mí una localidad encantadora y única.

Mi territorio se extiende desde las colinas, San Michele y Monte Urpinu, hasta la costa que ofrece una de las playas mas largas de Cerdeña, el Poetto, donde los bañistas aprecian el cálido sol. Ensenada solitarias, donde la arena roba deliciosos espacios a la roca como Calamosca, Cala Fighera, Capo Sant´Elia, son ideales para broncearse incluso fuera de estación. A los pies de la roca de la Silla del Diablo, que parece no querer perderse las magníficas vistas al Golfo de los Ángeles, surge el puerto turístico de Marina Piccola. Algunas torres costeras, que dan al amplio horizonte, nos traen a la memoria a aquellos hombres que, en una época lejana, oteaban a lo lejos para captar las primeras manifestaciones de naves que llegaban.

Las aguas tranquilas y seguras de mi mar favorecen la natación, el buceo y el snorkeling. Son frecuentes los grupos que se recrean con el acquagym y con la gimnasia en la orilla. Numerosas estructuras y organizaciones de apasionados ofrecen la posibilidad de practicar excursiones al ritmo de golpes de remo o empujados por el viento. Submarinistas equipados organizan inmersiones en los fondos llenos de colores en busca de tesoros a lo largo de la costa. La especial posición geográfica hace posible que la brisa me acaricie con frecuencia y esto favorece también otros deportes marinos como el surf, el windsurf, el kitesurf y la vela.

Cuando el mar cede lentamente el puesto a la tierra adentro, la naturaleza se expresa a través de delicados ecosistemas. La laguna de Santa Gilla y el estanque de Molentargius son ejemplos de esta característica. Las aguas salubres y la vegetación esconden una gran variedad de flora y fauna. Entre salicores y juncos se pueden ver pollos sultanes, garcetas y búhos de pantano. En los alrededores del parque no es raro divisar magníficas garzas que vuelan soberbias. Además, desde hace varios años, una especia sedentaria se ha convertido en los reyes de la laguna: los raros flamencos rosa. Yo prefiero llamarlos con el nombre que les dan mis ciudadanos: sa genti arrubia.

Surjo en una tierra antigua y conozco una historia milenaria. Recorrer mis calles es un pequeño viaje en el tiempo: desde las colinas al mar, desde los muros de la ciudad vieja al castillo de San Michele. La necrópolis púnica, el anfiteatro romano, las torres medievales, la catedral barroca y el modernísimo puerto son algunas de las bellezas que escondo. Conservo los testimonios de las vidas pasadas, su memoria. La mía es una historia sufrida, de lucha y dolor, pero también de grandes pasiones. Me encanta recordar. Quiero transmitir esos eventos a las nuevas generaciones. Me gusta darlos a conocer a los visitantes y transmitir a través de su representación, la fuerza y el orgullo de mis tradiciones.

Las fiestas religiosas marcan las estaciones y con éstas los momentos sobresalientes de la fe y sus tradiciones. La celebración se convierte en una ocasión de auténticas representaciones que animan mis calles y reclaman una gran participación popular. Imprescindible es la procesión en el mar de la VIrgen de Bonaria: un cortejo de barcas, al son de las sirenas. En este espejo de agua, delante de la Basílica, tiene lugar la conmemoración de los difuntos en el mar.

Es en mi corazón más antiguo, dentro de los muros, en la Ciudadela de los Museos, donde se encuentran los restos que cuentan la vida de la civilización nurágica, los testimonios del paso fenicio-púnico y romano. Fuero de los muros, la Galería Municipal de Arte alberga colecciones y muestras de alto nivel. Por todas partes se encuentran salas de exposición, incluso en la periferia. Antiguas construcciones en desuso reformadas reviven con los eventos. No me olvido de abrir el anfiteatro, y otros mundos subterráneos que albergo en mi corazón.

Además, un centenar de pubs, vinerías, cervecerías y pequeños restaurantes animan mi centro. Otros locales, de nombres pintorescos llenan el litoral. Se puede escuchar música en vivo o especiales selecciones cuidadas por excelentes djs, desgustando alimentos y saboreando bebidas internacionales y locales. Es fácil hacer nuevas amistades entre mis alegres y festivos habitantes. Cada noche puede llegar a ser realmente especial, y creedme; no puede ser de otro modo si el marco es la brisa tibia que emana del mar y la claridad de la luna que matiza las miles de luces en el horizonte.

¿Quieres conocerme? Aquí te espero. Y recuerda estimado lector, yo soy Cagliari.

Publicado el octubre 24, 2013 en MadrispherePorElMundo y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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