Lo Imposible

Viajamos ahora al tsunami que asoló el océano Índico en 2004. Más concretamente a la película que, con estreno hoy en toda España, intenta mostrarnos lo que pasó en los instantes posteriores al impacto de la ola. Y digo intenta, porque, aunque los creadores la revistan de ese halo de historia impresionante, única y extraordinaria, cuando sales del cine te preguntas, ¿dónde está lo impresionante, único y extraordinario?

Esto es algo que si no escribo, reviento. Cuando asistí a la proyección en Donosti de la película, su director, Juan Antonio Bayona, apareció (a las 11 de la noche, he de agradecer) para soltarnos unas palabras sobre lo increíble y conmovedor de la cinta y dedicársela “a todas aquellas personas que no estaban ahí para verla”. Hasta ahí bien. Parecía que estábamos a punto de contemplar al ser humano inventando la rueda 2.0, pero no.

No escapar de la simpleza del argumento siempre es un problema incorregible. Una familia viaja a Tailandia la navidad de 2004, el día siguiente van a la piscina. Llega una ola gigante que los hiere y separa. Sobreviven, se encuentran y salen del país. Fin. Bueno y también sale Geraldine Chaplin. Fin de nuevo.

Lo insulso en ocho platos. Naomi Watts infrautilizada y Ewan McGregor intentando emocionarnos sin lograrlo. La arrugada Chaplin sale, sí. Y también hay diálogo claro, porque tiene que haberlo. Hay destrucción, muertos y heridos que, gracias al maquillaje, sí te ponen los pelos de punta.Gente desesperada por encontrar a sus familiares. Altruismo de los pobres tailandeses que no tienen ni para arroz y miserias de occidentales que no comparten su móvil por no quedarse sin batería. ¿Dónde está la cualidad de la historia que la haga merecedora de ser contada diferente de la de otras decenas de miles de familias? Cuando todo lo que te pasa es por casualidad no hay mucho que hacer. Salió así y si quieres se lo agradeces a alguna deidad (seguramente asiática porque allí el “nuestro” no pinta mucho) o se lo agradeces a la pura estadística, que dicta qué, en caso de catástrofe, unos lo logran y otros no. Al final resulta que el Tsunami es el único protagonista que causa emoción en todo el metraje.

Y por favor que sean consecuentes y nos digan por qué convierten una familia española en una familia anglosajona. Al padre Enrique en Henry. ¿Que es más comerciable así en todos los mercados? Sin duda alguna. Pero acaso no estamos hartos ya de familias anglosajonas en todos los desmadres del mundo mundial. Ésta vez le tocaba la china a una familia española, al margen de que la película no cumpla sus aspiraciones. He conocido a rubias españolas más americanas que la Naomi. Eso es simplemente un desacierto intencionado que no se debe pasar por alto.

Una auténtica lástima que una historia, de una factura tan impecable en todos los aspectos técnicos y humanos, vaya a terminar siendo olvidada, porque todos han hecho ojos sordos a la acuciante falta de interés que debe generar su guión leído. Y no digamos ya visto.

No, Bayona, no. No has logrado hacer unaTitanic española. Porque ni es Titanic, ni es española. Eso sí, enhorabuena por el gran salto que has dado en tu segunda película.

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Publicado el octubre 20, 2012 en Cine. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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